COSAS DE LOS CORNUDOS
Este es un blog que pretende recoger los múltiples puntos de vista y opiniones que dan y tienen las diversas personas que sus actividades sexuales se desarrollan en el mundo de los cornudos
domingo, 28 de junio de 2026
MAMÁ AYUDA A SU HIJA EN UNA PLAYA NUDISTA ¿De verdad o de broma?
miércoles, 24 de junio de 2026
Una ayudita de mamá.
UNA AYUDITA DE MAMÁ.
El sonido de las olas y la brisa marina hacían que la tarde fuese perfecta en la costa. Elena estaba sentada bajo la sombrilla, untando protector solar a sus dos nietos. A unos metros, Lucía, la hija de Elena, conversaba animadamente con Mateo, un instructor de surf que había conocido hacía dos días.
Carlos, el marido de Lucía, observaba la escena desde la tumbona contigua a la de su suegra, con las gafas de sol puestas y sosteniendo un libro que apenas leía. Su pulso ya había comenzado a acelerarse al notar cómo la complicidad entre su esposa y el joven crecía con cada minuto.
Elena miró de reojo a su yerno y luego hacia su hija. Sabía exactamente qué hilos mover para que la tarde fuera inolvidable para todos, manteniendo la seguridad y el equilibrio familiar.
—Lucía, cariño —llamó Elena en un tono suave pero claro—. Los niños ahora están entretenidos. Carlos y yo estamos leyendo. ¿Por qué no aprovechas este rato y acompañas a Mateo a ver las tablas de surf que te mencionó en el hotel? Carlos y yo nos encargamos de todo aquí.
Lucía miró a su madre con una chispa de intensa gratitud en los ojos. Sabía que esa sugerencia era la luz verde que esperaba. Se giró hacia su marido, regalándole una mirada cargada de deseo. Carlos le dedicó una sonrisa llena de orgullo y una sutil inclinación de cabeza, dándole su total aprobación en silencio.
—Volveré en un par de horas, mamá. Gracias —dijo Lucía, antes de alejarse por el paseo marítimo del brazo de Mateo, rumbo al hotel.
Elena se acomodó en su tumbona, miró a Carlos y le sonrió con total naturalidad.
—Tiene un gusto excelente, Carlos —comentó Elena en un susurro cómplice—. Ahora relájate y disfruta del sol. El plan está saliendo a la perfección.
La habitación del hotel estaba fresca. Mateo cerró la puerta tras de sí y, sin mediar palabra, tomó a Lucía por la cintura, acorralándola suavemente contra la pared. El deseo contenido bajo el sol de la playa estalló en un beso profundo y apasionado. Lucía enredó sus manos en el cabello húmedo del instructor, entregándose por completo a la intensidad del momento.
Mientras tanto, el calor de la tarde comenzaba a ceder. Carlos, con la mirada fija donde se alzaba el hotel, rompió el silencio con una voz tranquila.
—A veces me sorprende lo natural que resulta todo esto ahora, Elena. Si me lo hubieran dicho hace un año, no lo habría creído.
—La clave de la felicidad, Carlos, es aceptar quiénes somos sin el peso del juicio ajeno —respondió Elena—. El amor y el deseo no tienen un solo molde. Lo importante es que el molde que ustedes eligieron esté lleno de respeto y confianza.
En el hotel, el vestido de Lucía cayó al suelo de madera. Mateo la guio hacia la cama, recorriendo su piel bronceada con besos lentos que hacían que ella contuviera el aliento. Cuando Mateo se la metió, Lucía pensó en su marido e imagino que él también estaría pensando en ella. Ese pensamiento avivó su pasión y su excitación.
En la playa, Elena miró de reojo a su yerno, notando la respiración un poco más acelerada de Carlos.
—Míralo como un regalo, Carlos —añadió Elena—. En este momento, Lucía está viviendo una aventura fantástica, pero a cada momento solo aumentan las ganas que tiene de volver, para que tú se la metas esta noche.
—Tienes razón —asintió él, mirando a su suegra—. Gracias por ayudarnos a cuidar de lo nuestro.
—Para eso está la familia, querido —concluyó Elena con una sonrisa cálida
La noche había caído por completo sobre la costa cuando Lucía regresó a la suite del hotel. Los niños ya dormían.
Carlos y Elena la esperaban en el balcón, disfrutando de la brisa nocturna. Lucía abrió la puerta.
—Hola —dijo Lucía, acercándose con paso lento.
Al escucharla, su madre y su marido, se fueron hacia ella y le le dieron un beso y un abrazo.
Estás radiante, dijo su madre. Señal de que te ha ido muy bien.

—Fue increíble... he tenido cuatro o cinco orgasmos, pero todavía tengo ganas de que me folles tú —confesó a su marido—. Ya sabes que cuando otro me la mete, me entran muchísimas ganas de que me la metas tú.
Su madre se despidió y fue a su habitación.
—Todo lo que viví allá solo me dio más ganas de estar contigo aquí— dijo Lucía.
Los dos follaron con ganas. Cuando terminaron ella le preguntó : —¿Te gustó?—.
—Sí, muchísimo—. Contestó él.
domingo, 21 de junio de 2026
¿Cómo debe ser un excelente "tercero" para poder participar en la dinámica de una pareja cornuda?.
EN LA PLAYA NUDISTA
Un seguidor del blog nos escribe y nos cuenta lo siguiente:
Mi mujer y yo nos vamos a la playa. Nos gusta ir a playas nudistas, así ella puede lucir su magnífico cuerpazo con toda naturalidad.
Mi polla también se pone tiesa. Esto puede ser debido a lo que se llama competencia del esperma. A nivel biológico, ver a otro hombre que está en disposición de follar con mi pareja puede disparar una respuesta de "alerta" que se traduce en un aumento masivo de testosterona y, a menudo, una erección más potente, para yo también estar listo para follar con ella y "asegurar" mi propia descendencia frente a la posible descendencia del otro competidor. Biológicamente, el cuerpo intenta producir un eyaculado con mayor cantidad y calidad de espermatozoides para "competir" y desplazar al rival. Pero esta situación, que es una mezcla de celos, inseguridad, enfado y confusión, también tiene un componente de excitación y placer, por ver a mi mujer dispuesta a tener relaciones sexuales con otro hombre. ¿Qué problemas tendría que resolver? ¿Puedes orientarme en esta situación un tanto confusa?
Aquí te escribo sobre las cuestiones principales que yo veo en esta situación:
- La competencia espermática es un mecanismo evolutivo. Tu cuerpo reacciona ante un "rival" aumentando la testosterona para asegurar la descendencia. El dilema surge cuando esa respuesta biológica de "alerta" choca con tu placer psicológico. ¿Te excitas porque quieres "marcar territorio" o porque te gusta compartir (simbólica o quizás realmente) la belleza de tu mujer? A veces, la línea entre el instinto de protección y el placer por la exhibición es muy delgada.
Con ella: ¿Habéis hablado de esto abiertamente? El riesgo es que, si no hay una comunicación clara, lo que hoy es una fantasía excitante pueda convertirse en un foco de resentimiento o inseguridad real si ella cruza una línea que tú no habías previsto.
Con el tercero: El hombre que se acerca a hablar con ella no sabe que tú estás mirando ni que eres parte de un "juego". Esto añade una capa de adrenalina, pero también de incertidumbre sobre cómo reaccionará él o ella si la situación va a más.
Ver a tu mujer coquetear te pone en una posición vulnerable (puedes sentir que "pierdes" el control), pero al mismo tiempo te da poder (eres el espectador que permite y disfruta la escena). El dilema aquí es mantener el equilibrio: si la balanza se inclina demasiado hacia la inseguridad y el enfado, la excitación desaparecerá y dejará paso a una crisis de pareja.
- Muchos hombres disfrutan de la excitación visual y la "amenaza" de un tercero, pero se bloquean si la interacción pasa a ser física. El dilema es saber dónde está tu tope: ¿Te basta con que la miren y le hablen con una erección, o tu cuerpo te está pidiendo que eso culmine en algo más? Explorar esto requiere mucha honestidad contigo mismo para no "romper" algo que ahora mismo funciona como motor sexual.
- El nudismo elimina las barreras de la ropa, pero mantiene las sociales. El hecho de que ella mire "con descaro" rompe una norma de cortesía nudista (donde se suele evitar fijar la vista en los genitales ajenos), lo cual añade un componente de transgresión. El dilema es si esa transgresión es lo que alimenta tu fuego o si te preocupa que vuestro comportamiento sea juzgado por el entorno.
Tú has pasado de los "celos reactivos" (sentirse amenazado y querer detener la situación) a los "celos recreativos" (usar esa amenaza como combustible sexual y disfrutando de una gran excitación sexual). Sin embargo, este equilibrio es frágil y tiene varios riesgos.
El mayor riesgo es la asunción de intenciones. Tú te excitas viéndola, y ella parece disfrutar mirando. Pero, ¿qué pasa si el otro hombre intenta tocarla?
Si tú esperas que ella solo coquetee para que tú te excites, pero ella interpreta que tiene "luz verde" para ir más allá, se rompe el juego. El desafío es definir si el placer es solo visual / exhibicionista o si buscas algo físico con terceros.
La competencia del esperma que mencionas se resuelve biológicamente cuando tú finalmente tienes sexo con ella tras el episodio.
Tú estás usando al otro hombre como una "herramienta" de excitación (un rival involuntario). ¿Ella sabe que tú estás mirando y que eso te pone? Si ella lo sabe, está actuando para ti (es un juego de tres con complicidad). Si ella NO lo sabe, ella está viviendo su propia aventura y tú eres un espectador externo. La diferencia es abismal: en el primer caso hay conexión, en el segundo distanciamiento.
Dices que sientes una mezcla de "celos, inseguridad, enfado y confusión". Eso es normal, pero es fuego.
Si no habláis de estas reglas, un día el "enfado" puede pesar más que la "excitación". Para que no haya un conflicto, ella debe saber que su "descaro" al mirar la polla del otro te hace desearla más, no menos. Si ambos estáis en la misma página, esa competencia espermática se convierte en una herramienta de unión increíblemente potente. Si no, corres el riesgo de que la "alarma biológica" se convierta en una herida emocional real.
MAMÁ AYUDA A SU HIJA EN UNA PLAYA NUDISTA ¿De verdad o de broma?
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