SI LA VEO SE ME EMPINA
A mi mujer y a mí nos gusta ir a playas o piscinas en las que los asistentes practican el nudismo en mayor o menor escala, y en las que los bañistas “vestidos” utilizan bañadores o bikinis que dejan muy poco lugar a la imaginación. En estos lugares mi mujer puede lucir su magnífico cuerpazo con toda naturalidad. De vez en cuando me levanto y voy a un chiringuito, o a bañarme, y la dejo sola. No es raro que cuando vuelva vea que mi puesto está ocupado por otro hombre que conversa con ella.
Normalmente este hombre no solo está hablando, sino que su polla está tiesa, pero que bien tiesa. Mi mujer ve con agrado esa erección y suele mirar la polla con descaro, nada de hacerlo con disimulo. Cuando me encuentro con situaciones como esta, no me acerco ni interrumpo la charla, sino que procuro situarme a una distancia tal que pueda observar y escuchar, pero no interferir.
Cuando veo a mi mujer coqueteando y charlando con otro hombre me excito mucho. Mi polla también se pone tiesa.
Esto puede ser debido a un mecanismo evolutivo instintivo, lo que se llama Competencia del Esperma. A nivel biológico, ver a otro hombre que está en disposición de follar con mi pareja puede disparar una respuesta de "alerta" que se traduce en un aumento masivo de mi testosterona y, a menudo, una erección más potente. De esta manera yo también estoy listo para follar con ella y "asegurar" mi propia descendencia frente a la posible descendencia del otro competidor. Biológicamente, el cuerpo intenta producir una eyaculación con mayor cantidad y calidad de espermatozoides para "competir" y desplazar al rival.
Pero esta situación, que es una mezcla de celos, inseguridad, enfado y confusión, también tiene un componente de excitación y placer, por ver como otro macho desea a mi mujer y como hay una posibilidad de que folle con ella.
Hay que dejar muy claro el límite entre la fantasía y la acción. Yo me excito viéndola, y ella parece disfrutar mirando. Pero, ¿qué pasa si el otro hombre intenta tocarla? Si yo espero que ella solo coquetee para que yo me excite, pero ella interpreta que tiene "luz verde" para ir más allá, se rompe el juego. El problema está en definir claramente si todo va a quedar en una exhibición meramente visual o si puede llegar a ser el preludio de una relación sexual. Hay que asegurarse que ella entiende que su coqueteo es un "afrodisíaco" para nuestra relación íntima posterior. Si ella vuelve del chiringuito y yo estoy enfadado en lugar de excitado, o si ella se siente culpable en lugar de empoderada, el mecanismo se rompe. Como pareja necesitamos confirmar que ambos vemos el coqueteo como un regalo para la pareja, no como una escapada individual.
¿Ella sabe que yo estoy mirando y que eso me pone? Si ella lo sabe, está actuando para mi (es un juego de tres con complicidad). Si ella NO lo sabe, ella está viviendo su propia aventura y yo, su marido, soy un espectador externo. La diferencia es abismal: en el primer caso hay conexión, en el segundo hay distanciamiento.
En esos momentos de coqueteo siento una mezcla de "celos, inseguridad, enfado y confusión". Eso es normal, pero es fuego. El dilema no es si mi reacción es natural (que lo es, por pura biología), sino cómo integro esa conducta en nuestro contrato de pareja.
Para que no sea un conflicto, ella debe saber que su "descaro" al mirar la polla del otro me hace desearla más, no menos. Si ambos estamos en la misma página, esa competencia espermática se convierte en una herramienta de unión increíblemente potente. Si no, corremos el riesgo de que la "alarma biológica" se convierta en una herida emocional.



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