MI MARIDO Y YO, YO Y MI MARIDO
Durante años, mi esposo fue mi amor, y con quien había tenido la mejor follada en mi vida. Pero luego, animada por él, le puse los cuernos con un buen macho, y ahora ya no lo es, y nunca volverá a ser el mejor follándome, pero me llevó a lo mejor. Me llevó a los chicos que me llevan a donde él no puede, y puede consolarse y enorgullecerse de saberlo.
Ser un cornudo es literalmente humillante, él se siente humillado sabiendo que mi mayor placer y mi mayor deseo es que me la meta uno de mis amantes. Ser un cornudo es una experiencia desgarradora, rebaja su confianza en sí mismo como ninguna otra cosa podría hacerlo. Provoca sentimientos profundos sobre su insuficiencia, tanto si le gusta que le humille como si no.
Cuando follo a mi marido, sé qué esperar. Le conozco y sé cómo folla. Conozco las posiciones, la secuencia, cuánto tiempo va a pasar antes de que se corra y cuánto tiempo antes de que se duerma. Todo el mundo necesita variedad para mantener las cosas frescas y emocionantes, pero especialmente necesito la chispa de lo nuevo para mantener nuestro fuego encendido. Mi marido puede cambiar las cosas e introducir alguna variedad, puede hacer algo nuevo pero no puede ser algo nuevo, y es difícil cambiar las cosas lo suficiente sin parecer una novedad artificial. Mi marido está en otra dimensión a salvo. Es el hombre que deja los calcetines sucios en el suelo, deja la tapa del inodoro levantada, y el que me ha visto en sudadera sin maquillaje y con la regurgitación fresca del bebé decorando mi camisa. Es el que corre a la tienda a comprarme tampones.
Mis amantes están conmigo en mi momento más sexy. Nunca me han enfadado, ni me han dado trabajo, ni se han metido en una discusión conmigo. Mis novios, mis machos sólo me han tratado como la reina que soy, dándome toda la atención y la pasión, nunca se distraen con el fútbol, cuando necesito una polla. Los amantes son tabú, son frescos y nuevos, y me recuerdan lo hermosa y deseable que soy, de una manera que mi marido no puede. No importa cuántas veces me lo diga mi marido, no le creo como creo en lo que me dice un buen macho cuando voy a joder con él porque entiendo que mi marido "tiene" que decirme esas cosas.
El sexo con los amantes es diferente de cualquier cosa que mi marido pueda darme. No puede competir en los términos de un buen macho, pues el sexo con ellos es el sexo más caliente, salvaje y sucio que jamás tendré. El sexo con un buen macho es mejor que con mi marido.
Para mi los hombres se parecen a la comida. No solo anhelo carne, ¡mucha carne! Quiero que las diferentes texturas y condimentos trabajen juntos en mi paladar. Me gusta lo salado y lo dulce, pero no solo quiero uno, o lo otro, ni lo más salado, ni lo más dulce. Quiero que los sabores se mezclen juntos en mi lengua. Mis chicos pueden tener la mejor polla, me pueden llevar a unos orgasmos intensísimos e interminables en duración, pero una dieta de solo pollo, incluso el mejor pollo que existe, se vuelve insatisfactoria después de una semana entera y me deja vacía y con ganas de más.
Puede que mi marido no sea tan bueno como mis novios, no es un filete... pero es una hamburguesa y unas patatas fritas bastante pasables, y es por eso que, al final del día, todavía lo elijo. No es un gran follador, no es un macho impresionante, pero es mi cornudo.
Puedo tener tantos amantes como quiera, pero solo tendré un marido, un compañero, y mi cornudo es el hombre que me completa. El sexo con mi marido es exquisito de una manera que nunca podría ser duplicado. No hay sustituto para la conexión emocional, que representa mucho más que el acto real. ¿Están otros hombres mejor dotados? Sí. ¿Otros hombres tienen más resistencia? Sí. Mi marido me permite la libertad sexual de probar nuevas y excitantes parejas mientras vuelvo al sentido de familia, el apoyo de un matrimonio cariñoso y enriquecedor.













































